ENTRE LA VIGILIA Y EL SUEÑO
Diciembre. El sol no acababa de recoger sus velas. La tarde, colmada de jazmines y geranios, roja, enrojecida. El aire, cargado de lavanda y de tilos en flor. Tiempo de espera, sin relojes, sin apremio ni campanarios. Detrás de la ventana, la Muerte.
Alerta la mirada, abierta como un páramo. Espera. Otro día más en el calendario. Otro más. La cuenta regresiva.
En el zaguán, las sombras desplegaban sus silencios.
Al final de la calle llameaban los árboles. La Parca, sentada en la mecedora.
Los ojos abiertos, entre la vigilia y el sueño.
María Graciela Kebani
miércoles, 29 de enero de 2020
viernes, 24 de enero de 2020
EL MINOTAURO ESTABA ESPERÁNDOME
Después de horas y horas de caminar por aquellas interminables galerías, me di cuenta de que no conseguiría descubrir la salida.
Ahora bien, desde el instante en que decidí atravesar este fatídico laberinto, reconocía que no resultaría nada fácil. Sin embargo, jamás imaginé la oculta perfidia de aquel que había urdido esta endiablada maraña de senderos que se cruzaban y se entrecruzaban indefinidamente.
Mis ojos buscaron con avidez el cielo.
Podía distinguir alguna que otra estrella.
Aún no había oscurecido lo suficiente.
Debería apurarme si realmente quería escapar de ese infierno.
Las sombras confundirían todavía más el camino y no habría ni estrella ni brújula que me orientaran.
Nada a qué aferrarme. Como siempre.
En algún sitio se hallaba la salida, pero lamentablemente yo no tenía en mi poder el hilo de Ariadna.
Ese descomunal vacío empezaba a asfixiarme.
La única opción que me quedaba era continuar.
No podía echarme atrás. Tampoco sabía cómo regresar al punto de partida. No quería resignarme a abandonar el desafío de alcanzar el final de este juego que había iniciado. ¿Juego? ¿Vencer o morir?
Allá arriba, la luna clavó sin piedad sus plateados cuernos en el vientre de la noche en cierne.
En algún rincón del laberinto el Minotauro estaba esperándome.
María Graciela Kebani
María Graciela Kebani
martes, 1 de octubre de 2019
Escribo
ESCRIBO...
Escribo,
con la carne y con la sangre,
con el hambre del hombre,
la violencia,
y el horror de los muertos
en la guerra.
Escribo,
escribo con el clamor de la miseria
y la rebelión del fuego,
crepitando hasta en la venas.
Escribo,
con las palabras fluyendo como un río,
y el corazón traspasado por la pena.
Con la ilusión,
con la esperanza,
con las campanas
estallando entre mis manos,
con los pájaros despertando las mañanas.
Escribo,
con el sol anidando entre los árboles
y el estruendo del mar
entre las piedras.
Escribo,
escribo en medio de tormentas y tormentos,
con la inquietante sombra
del viento,
con la luna y su máscara de luz
y de misterio,
con la mirada insondable de los gatos
y las pesadillas de la noche y sus recuerdos.
Escribo,
con la carne y con la sangre,
con el hambre del hombre,
la violencia,
y el horror de los muertos
en la guerra.
Escribo,
escribo con el clamor de la miseria
y la rebelión del fuego,
crepitando hasta en la venas.
Escribo,
con las palabras fluyendo como un río,
y el corazón traspasado por la pena.
Con la ilusión,
con la esperanza,
con las campanas
estallando entre mis manos,
con los pájaros despertando las mañanas.
Escribo,
con el sol anidando entre los árboles
y el estruendo del mar
entre las piedras.
Escribo,
escribo en medio de tormentas y tormentos,
con la inquietante sombra
del viento,
con la luna y su máscara de luz
y de misterio,
con la mirada insondable de los gatos
y las pesadillas de la noche y sus recuerdos.
María Graciela Kebani
domingo, 3 de diciembre de 2017
Páramo de sombras
Páramo de
sombras
Páramo de sombras. La noche.
Páramo de silencio y de tinieblas.
¿En qué barco navega la vida, eludiendo la oscura penumbra de la muerte?
¿Con qué rumbo?
¿Qué vientos lo impulsan y amedrentan?
¿Qué estrellas lo guían?
¿Qué lunas alumbran su camino?
Tormentas imprevistas lo amenazan.
Cielos cruzados de relámpagos.
Furibundas olas buscan devorarlo.
En medio de truenos y de gritos,
en medio del ensordecedor mutismo de los dioses,
en medio de preguntas insondables,
en medio de pesadillas y delirios.
No hay sirenas que encanten los oídos,
no hay puerto que albergue la esperanza,
ni faro que se alce a la distancia.
No hay manera de escapar a este destino.
Sin embargo, no hay ni habrá lluvia suficiente
que apague tanta llama, tanta pasión,
desmesurada,
ni sueños,
no, no habrá sueños que se despeñen,
inexorablemente,
hacia el
abismo.
María Graciela Kebani
sábado, 2 de diciembre de 2017
Poemas de Wilma Tapia
Vilma Tapia Anaya (La Paz 1960)
Estás diciéndome...
Estás diciéndome siempre
¿Quieres construirme una morada?
¿Quieres darme tú
la morada de mis sueños?
Estás diciéndome siempre
¿Quieres construirme una morada?
¿Quieres darme tú
la morada de mis sueños?
Detengámonos, entonces
en las hojas de una ancha arboleda
techo, lecho
y caminos exactos
para el aire, la luz y el agua
que se necesitan.
en las hojas de una ancha arboleda
techo, lecho
y caminos exactos
para el aire, la luz y el agua
que se necesitan.
No nos demos ya lo dañoso
no lo traigamos dentro.
Que nuestro único exceso
sea el amor.
no lo traigamos dentro.
Que nuestro único exceso
sea el amor.
Desde lejos...
Desde lejos te acercas y se enciende un río.
Es el agua de tu piel
tu piel más profunda
el agua que es tu cuerpo.
Es el agua de tu piel
tu piel más profunda
el agua que es tu cuerpo.
Desde lejos me riegas y me horadas
y yo, desde lejos
en tu extensión me encauzo
navego, me sumerjo.
y yo, desde lejos
en tu extensión me encauzo
navego, me sumerjo.
Te acercas y me inundas
desbordada agua
torrencial me llueves
dulce me rocías.
desbordada agua
torrencial me llueves
dulce me rocías.
Tan a la distancia
desde aquí
te bebo.
desde aquí
te bebo.
He soñado...
He soñado con tu cama deshecha
y tu cuerpo desnudo
pegado al mío.
y tu cuerpo desnudo
pegado al mío.
He soñado con la colmena de tu boca
con el mar de tu boca.
con el mar de tu boca.
Me he soñado abeja en ti
sirena tuya.
sirena tuya.
Vengo con...
Vengo con las manos llenas
y en la voz, el viento.
y en la voz, el viento.
Canto un nido de luz, un arroyo
el pan, la sombra.
el pan, la sombra.
Canto y mis cantos germinan.
Me inclino ante aquellos ojos más tristes que los míos.
Soy regazo
caricia
santa y milagrosa.
caricia
santa y milagrosa.
Vilma Tapia Anaya (La Paz 1960)
Ha publicado “Del deseo y la rosa”, “Corazones de terca escama”, “Oh estaciones, oh castillos”. Raúl Zurita comenta su poesía: “...es una sinceridad que se va anidando en lo más profundo de todo lo que nombra, en la infancia, en el paisaje, en el amor... Esta poesía es un triunfo americano, el triunfo de una patria, de una mujer, de un pueblo”
domingo, 21 de mayo de 2017
JIRONES DE SOMBRAS EN LOS MUROS
Amanecía. Un pájaro abrió las
ventanas del día con su canto. Una cascada de luz se desplomó desde las cimas celestiales.
De pronto, el estallido. Nos quedamos sin palabras. Vacío. Vacíos de esperanza.
Solos.
Como jirones de sombras en los muros.
María
Graciela Kebani
sábado, 20 de mayo de 2017
La mariposa en el muro
La mariposa en el
muro
Un sol de otoño parecía replegarse
detrás de los árboles que el viento iba deshojando, indiferente. Las hojas
caían y se encendían con la luz dorada que se desvanecía en el aire. Caían. Las hojas caían como caen las
lágrimas, desde lejos, desde los ojos, desde las torres, desde las nubes, desde
las campanas que tañían somnolientas. Crujían bajo los pasos inciertos de los
que pasaban. Se iban alejando con la tarde.
La madre se aproxima con dulzura al
muro, agrietado, enmohecido, recoge suavemente entre sus dedos, trémula, una
mariposa. Sus alas estallan con un colorido deslumbrante. La tarde queda
prendida en esas alas, estremecidas, luminosas. La madre con extrema dulzura acerca
esa vida temblorosa a su hijo. Los ojos del niño se abren como una rosa para
alcanzarla, mientras aletea, frágil, entre las manos protectoras que envuelven con
ternura esa brizna de vida.
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