VIDA Y POESÍA
miércoles, 21 de octubre de 2026
La partitura secreta
lunes, 19 de octubre de 2026
Tras los espejos
Me perdí buscando a Dios tras los espejos. Caminé entre reflejos contrapuestos que multiplicaban mis dudas hasta el infinito. Cada pasillo prometía un reverso sagrado, pero solo encontraba copias de mis manos buscando a tientas en el vacío. Quise preguntar el camino de regreso, sin embargo, el eco de mi propia voz ya no me reconoció.
María Graciela Kebani
sábado, 17 de octubre de 2026
Despertaron los fantasmas
Despertaron los fantasmas del pasado y comenzaron a importunarme. Traían murmullos de un tiempo olvidado y rostros borrados por la niebla. Se quedaron allí, mudos y lejanos. Quise definir sus contornos, en cambio, mis ojos solo atravesaron el vacío. El impacto me dejó a solas con el eco de una historia que me pertenece, pero ya no sé descifrar.
María Graciela Kebani
jueves, 15 de octubre de 2026
Aquí y ahora
mis ojos sedientos.
Quisiera sentir el vuelo de pájaros
latiendo en mi cabeza.
Quisiera repicar como campanas
y arder como el fuego de una hoguera.
hasta que el pecho me estalle de asombro.
Quisiera derretir el invierno del cuerpo,
ser río descalzo que salta en las rocas,
y enraizar las manos en la tierra viva
para florecer con la fuerza del alba.
romper el silencio, soltar las amarras,
ser el vuelo, la luz y el estruendo
aquí y ahora, vibrando de vida,
aquí y ahora, por fin sin cadenas,
aquí y ahora, pisando la tierra.
martes, 13 de octubre de 2026
Me quedé sin voz
y sin un grito,
desolada.
los pies desnudos
de un niño
bajo la luz de la luna,
helada.
María Graciela Kebani
Bajo el sol
Verano.
Muerde el sol
desde el asfalto
que arde como una hoguera.
Herrumbre.
Podredumbre.
Hierro,
fierro
y n aire hirviente,
calcinante
enardece aún más
la tarde.
Desechos.
Un carro,
desvencijado,
recorre
las calles de fuego
al compás
del trote
lastimoso
de un caballo
medio muero
por la sed, el cansancio
y los recuerdos.
hundido
en el caos de tablas,
tablones,
caños,
un niño,
un cacharro más
ardiendo bajo el sol
y los andrajos.
María Graciela Kebani
lunes, 12 de octubre de 2026
Y llovía
Y llovía. Llovía desde el amanecer hasta el ocaso. El agua resbalaba de las chimeneas a los tejados, y de los campanarios a las calles adoquinadas, lavando la piedra y borrando las huellas de los pocos que se atrevían a salir. El verdadero problema no fue el agua filtrándose por debajo de la puerta, sino el moho que empezó a brotar en nuestras voluntades.
La persistencia del agua deslizándose por los cristales nos inquietaba hasta el agobio. El pueblo entero parecía flotar en un letargo húmedo; el repiqueteo constante sobre las tejas se convirtió en nuestro único silencio.
Poco a poco, los días se fundieron en semanas, y las semanas en meses de un gris uniforme.
No había tregua ni viento que empujara las nubes. Solo una cortina pesada y monótona que amenazaba con ahogar los últimos recuerdos del verano.
Llovía. Y nosotros nos encerrábamos cada día un poco más.
Llovía, y la esperanza se iba diluyendo.
Llovía, y yo temí que todo el pueblo acabara acostumbrándose.
María Graciela Kebani
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