VIDA Y POESÍA
lunes, 7 de septiembre de 2026
Y así, de repente...
viernes, 4 de septiembre de 2026
Di la vuelta
Corrí hacia el mar y me detuve a orillas de la playa.
Invoqué a Dios y mi voz se perdió en medio del estruendo de las olas. Volví a implorar a Dios, con más potencia y la voz de Dios se escuchó en la inmensidad de ese espacio sin límites.
No hubo palabras articuladas, sino una marea de comprensión que me golpeó con más fuerza que cualquier ola. La inmensidad ya no era un vacío amenazante, sino una presencia viva. El estruendo del mar no apagó mi voz. Caí de rodillas sobre la arena húmeda.
La voz se desvaneció tan rápido como había llegado, dejando tras de sí un silencio sobrehumano, a pesar del oleaje que seguía rompiendo cerca de mí. Respiré el aire salino y di la vuelta.
María Graciela Kebani
Secretos
La noche enhebraba en un collar, una una, las estrellas. Un secreto que los hombres habían olvidado en la tierra. Al amanecer, el hilo se desprendía y los secretos caían nuevamente, disueltos en el rocío.
María Graciela Kebani
lunes, 31 de agosto de 2026
La estela del ángel
lunes, 10 de agosto de 2026
El muro
La tarde se llevó el sol y dejó una luna suspendida de los cielos. Por las calles se esparcían las sombras y ya no sabía bien por dónde andaba. Así no llegaría a ningún lado. Caminaba y caminaba con mi sombra que se movía al compás de mis pasos, mientras los recuerdos iban y venían. Yo no quería llegar. No, no quería. Creo que en lugar de avanzar, retrocedía. Las calles se embarullaban, se ensombrecían más y más y mi cabeza estaba a punto de estallar. Hasta que, de repente, no pude continuar. Un muro descomunal se alzaba ante mí como un ogro amenazador. Extendí los brazos y mis manos solo percibieron la piedra húmeda, helada.
Cuando alcé la mirada, desde el cielo caía como un torrente de lava, oscuro, inagotable, una hiedra que, seguramente, me cubriría para acabar asfixiándome.
La noche seguía urdiendo su trama de sombras y silencio.
María Graciela Kebani
"No están muertos los pájaros"
"No están muertos los pájaros"
Juan Gelman
No están muertos los pájaros,
no, no han muerto.
Viven.
Viven en los corazones
de los hombres,
libres,
libres de cualquier lastre
que los ate a este suelo,
libres pra volar fuera de sus jaulas,
libres de prejuicios
y de dogmas,
de fanatismos
y de racismos
de los más diversos colores.
No están los pájaros muertos,
mientras la música
de la poesía
nos libere del dolor
y la impotencia,
y con sus alas desplegadas
nos eleve
más allá de la tierra
y la tormenta.
rumbo a los cielos,
hacia las estrellas.
María Graciela Kebani

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