lunes, 6 de julio de 2026

Él se llenó de luz

     




    La puerta estaba abierta. Entró como se entra a un misterio. Lo primero que descubrió fue un libro cerrado. Cuando se acercó, el libro se abrió como una flor. Y dejó flotando su perfume encantador. Las palabras se elevaron y volaron como barriletes. 

    Sembraron el aire de preguntas,

    de plegarias,

    de ilusiones,

    de poesía, 

    de besos, 

   de adioses,

   de recuerdos y de olvidos,

  de alegrías y de angustias.

     Y también él se llenó de luz como ese cuarto escondido y las palabras revolotearon como mariposas entre las ramas del cielo, trazando un camino brillante en el aire azul de la mañana. Entonces, comprendió que ya no era el mismo que había cruzado la puerta. Estiró la mano, atrapó una palabra que resplandecía y la guardó entre sus  manos. 


                                                                                  María Graciela Kebani


viernes, 26 de junio de 2026

Quisimos invocar al sol

 




     La noche se extendía como una mancha de tinta negra. Perturbadora. Asfixiante. No se veía nada. Nada de nada. Se olía el silencio. Un silencio oscuro, penetrante.

    Quisimos invocar al sol. Pero la oscuridad devoraba nuestras voces.

     Y la noche se eternizaba y nos dejaba al borde de la ceguera.

      Y sí, estábamos ciegos, aunque tuviéramos los ojos bien abiertos.


                                                                                  Mará Graciela Kebani

miércoles, 3 de junio de 2026

Alguien había abierto las puertas de este infierno

 



¿Quién gritó en medio de la noche?

¿Quién cortó los hilos de los sueños?

¿Qué tempestades agitaron nuestros barcos?

¿Quién incendió de fogatas el cielo?


Se vaciaron de hojas las copas de los árboles.

El otoño tendió una alfombra de hojas secas.

Se enredó el viento en las campanas 

y la muerte se descolgó de los tejados. 


¿Quién sembró de sangre los surcos de la tierra?

¿Quién segó las rosas del jardín de nuestra infancia?

Se escucharon voces que rezaban 

y el dolor de niños que lloraban.


El miedo fue creciendo a borbotones. 

Los pájaros volaron en bandadas,

buscando el rumbo que extraviaron.

Alguien había abierto las puertas de este infierno. 


                                                                      María Graciela Kebani


jueves, 21 de mayo de 2026

Me desperté...
















  Me desperté y sospecho que no creerán lo que vi. Ante mi mirada azorada, una serpiente exhibía descaradamente su lengua ponzoñosa. El terror me paralizó. Cerré los ojos con la esperanza de que solo fuera un personaje de mis frecuentes pesadillas. Cuando los volví a abrir, la pérfida serpiente se movía sinuosamente clavándome su mirada. 

-¿Qué pretendes? -le espeté indignado. 

  -Abrirte los ojos y la cabeza.

 -¿Para qué? Yo creo lo que quiero y sé perfectamente lo que debo hacer. ¿Adónde intentas conducirme? No estoy dispuesto a escuchar tus consejos ni voy a permitir que me embauques. Los tiempos de Adán y Eva perimieron.
 
-Se nota que no perdiste la soberbia. 

-Soy un hombre y conozco mis limitaciones. Podés irte por donde has venido. 

-Te arrepentirás de no escucharme. 

-Conozco demasiado bien el camino. 
 
Entonces deseé fervientemente que la endemoniada víbora se esfumara. Temí que acabara convenciéndome. 
 Cuando abrí los ojos, el reptil había desaparecido. Sin embargo, en la habitación se escuchó un rumor de cascabeles. 
La luna aún permanecía suspendida del cielo como la espada de Damocles. 

                                                  María Graciela Kebani 

jueves, 23 de abril de 2026

¿Qué buscas, poeta?









 
¿Qué buscas, poeta? 

                               ¿Qué buscas, poeta, en el ocaso? 
                                                                            Antonio Machado

¿Qué buscas, poeta, entre tantos escombros,
entre tanta niebla?
¿Qué buscas entre las nubes,
bajo los mares, en la tormenta? 
¿Qué esperas encontrar entre tanta estridencia,
entre tanta desolación,
entre tamaña violencia?
¿Acaso la felicidad que nunca se alcanza?
¿Acaso la esperanza que, poco a poco,
fuimos perdiendo, sin darnos cuenta?
Poeta, ya no queda espacio para la belleza,
ni para la magia,
ni para el asombro,
ni siquiera para los sueños.
Poeta, algún día encontrarás  los paraísos perdidos,
los cielos azules, 
la tierra florida.
Poeta, sigue persiguiendo las palabras,
una y otra vez,
aunque la poesía no alcance, 
aunque los versos solos no basten,
para calmar 
tanta sed,
tanto agobio,
tanta frustración, 
tanto espanto.  

                                      María Graciela Kebani

jueves, 16 de abril de 2026

Se llevó su magia...

 





        Salió huyendo.  Se llevó su magia, su pasión, su rebeldía. Nos dejó con los ojos brumosos y los sueños truncos. Y nos quedamos como  árbol sin hojas, como  noche sin luna, como  pájaro sin alas.

       Como la tierra reseca que espera ansiosamente la lluvia.


                                                              María Graciela Kebani

martes, 3 de marzo de 2026

La llave en la cerradura

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Discúlpeme, señor, ¿la calle Iberá?

-Siga derecho dos cuadras más y luego doble a la izquierda. Esa es Iberá.

A veces, lo sencillo se complica. Nada es tan fácil como uno cree. Seguí las indicaciones y cuando doblé, me encontré con una calle arbolada y una hilera de casitas idénticas. El sol iluminaba cálidamente las fachadas.

Mientras  caminaba, descubría algún gato dormitando en los jardincitos de los porches. 

El silencio, en lugar de relajarme, me inquietaba. 

Evidentemente era la hora de la siesta.

De pronto, un ruido casi imperceptible perturbó tanta quietud, tanta modorra. Percibí algo así como una llave que giraba en una cerradura.

Sin embargo, nadie salió de ninguna vivienda.

Seguí avanzando, mientras el sol me cegaba los ojos y volví a escuchar el mismo sonido que me recordaba el ruido de una llave en la cerradura. Un gato que descansaba en  una ventana se mantuvo imperturbable.

Nadie entró ni salió de esas inocentes casitas.

Solo yo, caminado bajo ese sol calcinante, esos gatos sumidos en un sueño interminable y el sonido de unas llaves enroscándose en una cerradura...

Nadie, nadie salió ni entró por ninguna puerta.

Un pájaro cruzó el cielo y el fuego del sol le encendió las alas. 


                                                                         María Geraciela Kebani