Pronunció las palabras mágicas:
"¡Ábrete, sésamo!"
Y la puerta se abrió milagrosamente.
Pero, ¡oh, sorpresa! Detrás de la puerta, nada, absolutamente nada.
¿Ya habían vaciado todo?
De repente, en un rincón, casi inaccesible, descubrió un papel y en el papel leyó esta pregunta: "¿Qué estás buscando?"
Entonces tomó conciencia de que, en realidad, no sabía qué estaba haciendo allí ni qué pretendía encontrar.
María Graciela Kebani






