Cuando giré, solo vi un camino polvoriento salpicado de cactus espinosos. El viento clavó en mi rostro sus púas erizadas. El sol enrojecía más y más el horizonte. Allá lejos el cielo parecía incendiarse.
Repentinamente, no pude entender cómo, me encontré ante un cruce de vías. Y en el colmo del asombro escuché la campanilla que anunciaba que un tren se aproximaba.
En realidad, no se veía ninguna estación a la distancia.
No tuve tiempo para decidir qué haría. El tren pasó ante mí como una ráfaga y la tierra tembló.
Miré a un lado y a otro de las vías. Nada. Solo un camino desolado y polvoriento. Un viento erizado de púas clavándose en mi piel hasta mis huesos y un cielo, allá lejos, ardiendo como una fogata.
María Graciela Kebani


No hay comentarios:
Publicar un comentario