lunes, 15 de diciembre de 2025

El ropero

 





      Estaba apurada, como de costumbre. Y como de costumbre no encontraba la ropa. Ya estaba atrasada y seguía perdendo alegremente el tiempo.

   Sucedió que al introducir la mano en el ropero, otra mano poderosa me sujetó con fuerza y me tironeó hacia dentro, hacia lo desconocido.

   Obviamente ese día llegué tarde al trabajo y, como era de esperar, nadie, absolutamente nadie, creyó mi historia.

   Me temo que ustedes, tampoco.


                                                                            María Graciela Kebani

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