lunes, 8 de diciembre de 2025

GULLIVER en la tierra de los hombres

 




    Recién comenzaba a oscurecer. Contábamos cuentos junto al fuego. Algunas veces, nos reíamos a carcajadas; otras, nos aterrábamos como niños. 

  De pronto, el humo de la fogata comenzó a tomar una forma que parecía humana.

   Cuando la figura se materializó, antes de que pudiéramos articular palabra, no habló de esta manera:

  -¿No me reconocen? Soy Gulliver.

  -¿Gulliver? ¿El que visitó países de enanos y de gigantes?

   -Claro. Sucede que los enanos se convierten en gigantes y viceversa, según la perspectiva con la cual se mire. 

   -¿Y entonces? No existen ni enanos ni gigantes.

   -Sí, en la medida en que los enanos no sepan ponerse de pie para ejercer su condición de humanos.

   -¿Y los gigantes que deberían hacer?

    -Descender de su pedestal y no creerse todopoderosos y sabelotodo.

    -Pero, Gulliver, tu libro no es para niños.

    -Por supuesto que no. Mis aventuras intentan satirizar las conductas humanas, la ignorancia, la soberbia, el egoísmo. 

    Los seres humanos deberían abandonar los prejuicios, las ambiciones que terminan sojuzgando a los otros. 

    Los hombres deberían leer los relatos que los pueblos han contado a través de los siglos. Los cuentos restauran nuestros vínculos ente nosotros y con la naturaleza. 

      Y así como apareció, Gulliver se esfumó ante nuestros ojos azorados .

                                                                 María Graciela Kebani


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