Pronuncié la palabra mágica.
No pasó absolutamente nada.
Pronuncié por segunda vez: "Abracadabra".
Tampoco ocurrió nada.
La tercera vez, casi en un susurro, volví a insistir.
Ahora sí. El baúl se abrió, pero lamentablemente estaba vacío.
Demás está decirles que no pude escribir el cuento.
María Graciela Kebani

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