La puerta estaba abierta. Entró como se entra a un misterio. Lo primero que descubrió fue un libro cerrado. Cuando se acercó, el libro se abrió como una flor. Y dejó flotando su perfume encantador. Las palabras se elevaron y volaron como barriletes.
Sembraron el aire de preguntas,
de plegarias,
de ilusiones,
de poesía,
de besos,
de adioses,
de recuerdos y de olvidos,
de alegrías y de angustias.
Y también él se llenó de luz como ese cuarto escondido y las palabras revolotearon como mariposas entre las ramas del cielo, trazando un camino brillante en el aire azul de la mañana. Entonces, comprendió que ya no era el mismo que había cruzado la puerta. Estiró la mano, atrapó una palabra que resplandecía y la guardó entre sus manos.
María Graciela Kebani