jueves, 17 de septiembre de 2026

Arañas







     Desperté en medio de la noche. Un desfile de arañas de los más diversos tamaños atravesaban mi cuarto como un río de aguas turbias. No hacían ruido. Ese silencio absoluto volvía la escena aún más irreal. Las más pequeñas, rápidas como chispas negras, avanzaban en hileras perfectas por las junturas del piso flotante. Las grandes se movían con una lentitud ceremonial sobre el techo, justo arriba de mi cabeza. El horror me congeló los músculos. Creí percibir el roce sutil de una de ellas en mi piel. El instinto barrió el letargo del sueño de un plumazo. Di un salto frenético hacia atrás, mientras contenía la respiración para no soltar un alarido. El movimiento alteró la formación y cientos de sombras erizadas comenzaron a dispersarse, a toda velocidad, hacia mí. Intenté gritar, pero ya sentía que las malditas criaturas arañaban mi garganta y.. 

                                                                                   María Graciela Kebani

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