sábado, 12 de octubre de 2024

Frente a frente

 






   Giré la cabeza y me sorprendí al descubrir, frente a frente, a mi doble. Igualito. Más igualito, imposible. Sin embargo, había algo en esos ojos que me provocaban un horror indescriptible. Más lo miraba, más repulsión me causaba. No era yo, obviamente. No podía ser yo. Podía ser mi imagen duplicada, pero no era yo. No, de ninguna manera. Ni siquiera mi reflejo. Entonces...

   Ahora estoy aquí, mientras la sangre fluye como un río enrojecido.

                                                                                       María Graciela Kebani


Llovía como si fuera la primera vez.

 









    En el cielo se agolparon los relámpagos y los truenos estallaron agrietando los muros de la noche. Y nosotros esperábamos con ansia la lluvia. Pero no llovía. No, no llovía. Ni una gota. Y sentíamos la tremenda sed de la tierra en nuestra propia carne. Más reseca que la piel de una tortuga. Ya nos habíamos olvidado de la transparencia, de la frescura de la lluvia.

     Hacía meses que no llovía. Podían caer una o dos gotas y nada más. En el templo ardían las velas. No nos quedaban santos para invocar. Hasta la esperanza se nos escapaba. Acabaríamos por resignarnos. Nos habíamos acostumbrado a sobrevivir. 

    Sin embargo, aquella noche fue diferente. Parecía que en el cielo se libraba una batalla. Una batalla entre ángeles y demonios. ¿Qué se disputaban? 

    Súbitamente empezaron a caer las primeras gotas y, poco a poco, nuestros cuerpos sedientos pudieron sentir la frescura de una lluvia que como una cascada se precipitaba desde el cielo.

     Llovía como si fuera la primera vez. 

    Y nuestros ojos y nuestros labios y hasta nuestras manos se abrían como las nubes y dejaban caer la bendición de la lluvia.

                                                                               María Graciela Kebani



domingo, 22 de septiembre de 2024

¡Ni Dios puede hacerlo!

    



    A veces, escuchaba al diablo que caminaba por la terraza, bien entrada la madrugada. No podía imaginar a Satanás paseándose con aire fantasmal por mi azotea.

    Una noche decidí averiguar qué se traía entre manos. La luna, afortunadamente, andaba exhibiendo su redondo vientre de plata y las baldosas relucían hasta en los rincones. Mis ojos trataron de vislumbrar al intruso. Ni rastros. Ni siquiera su cola endemoniada.

    De repente, escuché carcajadas a mis espaldas. Y allí, delante de mí, lo vi, apuntándome con sus ojos de fuego.

  -¿Qué pretendés de mí? -lo encaré.

  -Siempre pretendo lo mismo. Firmar un pacto.

  -¿Querés mi alma? ¿A cambio de qué?

   -Vos le ponés precio.

   -¿El amor? ¿La belleza? ¿El dinero? ¿El paraíso? 

   -Todo menos el paraíso.

   -¿Y la paz entre los hombre?

   -¡Eso, imposible!

   -¿No podés garantizarme la paz?

   -Por supuesto que no. ¿En qué mundo vivís? ¡Ni Dios puede hacerlo!


                                                                     María Graciela Kebani




domingo, 1 de septiembre de 2024

Soy yo, papá

    







    De repente, escuché ruidos en el altillo. Sabía perfectamente, que allí no había nadie. Sin embargo, se oía como si alguien anduviera revolviendo las cosas acumuladas por años en ese desván. 

    El corazón me golpeaba el pecho desaforadamente. 

   No había ninguna explicación razonable.

    Me temblaban las piernas. Todo mi cuerpo se sacudía como si hubiera recibido una descarga eléctrica.

    Escuché apenas mi voz que se alzaba en medio del terror y el desconcierto: 

    "¿Quién esta ahí?"

     Y otra voz respondió:

     "Soy yo, papá."

      Pero mi padre estaba muerto.


                                                                      María Graciela Kebani

miércoles, 28 de agosto de 2024

Confabulación

 




     Todo se había confabulado para resultar sospechoso de ese crimen aberrante. Coincidían la hora, el lugar y el arma asesina se hallaba en mi mano. Ni yo mismo podía creer semejante coincidencia. Para la policía todo estaba tremendamente claro. De nada valía que negara una y otra vez que yo no había asesinado a ese hombre a quien no conocía. Sin embargo, las pruebas eran contundentes. 

      Había sangre hasta en mis manos. 


                                                                                                    María Graciela Kebani

lunes, 26 de agosto de 2024

Y yo elegí

   



  Avanzaba a tientas por un pasillo donde se enredaban y desenredaban las sombras. Unas ventanucas simulaban ventilar ese estrecho corredor que no conducía  a ningún sitio. Sin embargo, al final, cuando se disipaba la niebla,  una puerta y un cartel:

"Por aquí se accede al infierno o al paraíso. Usted elige."

 Y yo elegí.

  Lamentablemente, las abrasadoras llamaradas me impedían atisbar el camino que conducía al paraíso.


                                                                                María Graciela Kebani

miércoles, 21 de agosto de 2024

Estaba ahí

    



   Estaba ahí, parado en  una esquina brumosa y perdida, fumando. Cigarrillo tras cigarrillo. La noche con su silencio borraba los recuerdos. No era el único que esperaba. La luna deambulaba por ahí, sin rumbo, sin destino. La soledad se palpaba hasta en la sangre.

   El viento se había quedado sin voz y sin campanas.

   El invierno aún resistía y andaba colgado de los árboles. Y él seguía allí, fumando, con el frío arañándole las manos y los bolsillos de la campera, vacíos. 


                                                               María Graciela Kebani