domingo, 23 de marzo de 2025

No había conductor

 


                                   



     Y con terror empezamos a notar que el micro aceleraba cada vez más y avanzaba por la ruta como un huracán sin freno. Por un momento creímos que no había conductor ni nada parecido. Solo una furia descontrolada que parecía dispuesta a estrellarse con lo primero que se interpusiera en su carrera. Casi al unísono gritamos, frenéticos, suplicando que se detuviera. Al contrario, más aceleraba. Hasta que finalmente, en medio de un griterío infernal, se detuvo.         
  Las voces se desaceleraron. Despavoridos advertimos que habíamos llegado a orillas de un precipicio.
     
      No, no había conductor ni nada parecido.             
                                                                   
                                                                   María Graciela Kebani

viernes, 28 de febrero de 2025

Una palabra

  






      No se escuchaba ni un murmullo, ni un suspiro, ni una queja. El silencio de Dios abarcaba todo el Universo. Un silencio atroz, irrespirable. Un silencio sin fin y sin principio. Más perturbador que la muerte, más infernal que el propio infierno.

       Un silencio que espera el sortilegio de una palabra. Una palabra que impulse nuevamente el mecanismo insondable del Universo.  

                                                                      María Graciela Kebani

jueves, 27 de febrero de 2025

Estábamos allí...

 ESTÁBAMOS ALLÍ...


Estábamos allí, 

con los pies clavados en la tierra, 

y con los ojos trepando

por las escaleras del cielo. 

Estábamos allí, 

apagando el fuego con las manos, 

buscando sin descanso

 las alas de los pájaros,

agitando los brazos al viento,

pidiendo a voces,

lluvia, abundante lluvia, 

para acallar la sequía, 

para ahogar la sed

que nos tortura

una y otra vez. 

Estábamos allí, 

exhaustos,

sin fe, sin rumbo, sin destino,

cargando el peso de la noche,

soportando el peso de la sangre,

derramada

a través de  años, 

a través de  siglos. 

Estábamos allí, 

esperando,

esperando que una voz, potente,

nos despierte

y nos grite: "¡Levántate y anda!" 

miércoles, 5 de febrero de 2025

Parque de diversiones

 

   En este país se vive en un parque de diversiones. Siempre estamos dando vueltas a la calesita, hamacándonos en los mismos errores. Ascendemos por el tobogán para descender inmediatamente en forma estrepitosa. Y como en el sube y baja, cuando un militar sube, un presidente baja.

viernes, 3 de enero de 2025

Señales






   Y entonces el viento empezó a crecer como los ojos del espanto. Vociferaba desorbitado. Con sus manotazos perseguía las nubes que se iban acumulando como se acumula la ira hasta que explota. 

   Y el mar, allá abajo, subía, bramando como una fiera acorralada. 

   Y el mar abría sus fauces y como un dragón enfurecido echaba espuma y cubría los cielos y la tierra.

    Y en el vértigo desatado por el huracán se escucharon las plegarias de los que aún confiaban en sus dioses.

    Las voces giraron como un trompo enloquecido.

    Y el viento arrollador las diseminó por todo el universo.


                                                                                 María Graciela Kebani

jueves, 28 de noviembre de 2024

¿A dónde volar?

 





¿A dónde volar

si no tenemos alas?

¿A dónde huir,

si no hay ningún refugio?

¿A quién llamar,

si nadie nos responde? 

¿A quién rezar,

si nadie nos escucha? 

Abro puertas y ventanas

para que entre el sol,

la luz de la mañana.

El viento refresca

las últimas pesadillas.

La vida recomienza.

No importa si es otoño 

o primavera.

El camino se despliega

como una rosa

que ha perdido 

sus espinas.


                                  María Graciela Kebani






miércoles, 6 de noviembre de 2024

Ser o no ser

 





   Ser o no ser ¿Es esa la cuestión? No, definitivamente. Es la duda. La duda que nos taladra, que nos carcome, que nos asedia. 

     La duda interminable, recalcitrante.

    Estamos solos. Solos clamando al cielo. Solos, sumergidos en las brasas de un infierno intolerable. Y rechinan los dientes y oprimimos el viento entre las manos, inútilmente. Y cerramos los ojos ante una realidad que nos asfixia. A veces gritamos para recordar el sonido de nuestra voz, porque ya no encontramos las palabras que expresen nuestra angustia y nuestro desencanto. Y entonces la duda vuelve a importunarnos y sabemos que no nos dará tregua, que la duda no dejará lugar a ninguna certeza. Solo un cúmulo de preguntas sin respuestas.

     Y así nuestra soledad no tiene límites.


                                                                                  María Graciela Kebani