martes, 16 de septiembre de 2025

QUISE...

 





Quise volar desde la tierra al cielo,

llegar hasta las estrellas, 

más allá del sol, más allá del tiempo.

Quise encontrar a la niña que había sido,

recuperar, de repente, los días de la infancia.

Quise atravesar el mar y descubrir algún país desconocido,

que no figurara en ningún mapa.

Quise abrir todas las jaulas que encierran los sueños,

lanzar mi voz al viento 

para que se escuchen mis plegarias, 

aquí an la tierra como en los cielos.

Quise abrazar a la humanidad sufriente,

a aquellos hombres que se han olvidado de vivir 

y que solos van peregrinando hacia la muerte.

Quise buscar a Dios, pero me perdí en intrincados laberintos.

Y cuando encontré el camino,

ya era tarde.

Sin embargo, en el fondo del ánfora  (qué bella palabra) de Pandora se mantiene oculta la esperanza.

                                                                                                              María Graciela Kebani


lunes, 15 de septiembre de 2025

El mar ya las había devorado







 Un viento arrollador me dejó sin voz. Desesperada intenté buscar las palabras que pudieran salvarme. 

 No encontré ningún rastro en la arena.

 El mar ya las había devorado. 

                                                              María Graciela Kebani


viernes, 12 de septiembre de 2025

Aquí, abajo

 







Allá, arriba, Dios.

Aquí, abajo, los hombres.

Y un puente que une ambos extremos.

Finalmente, nosotros, los humanos, ya nos encargamos de dinamitarlo.  


                                                                    María Graciela Kebani










Se quedó mi infancia ...

     











     Se quedó mi infancia perdida en alguna estrella, o en alguna plaza, donde giraba sin cesar una calesita, o, quizás, en la sonrisa de un payaso, o mejor aún, en la magia de algún cuento o de un poema.

    Se quedó mi infancia perdida en algún castillo de arena o, o en aquella muñeca capaz de hablar y de cantar como una niña.

    Mi infancia se refugió en la música que despertaba mundos de resonancias increíbles. 

    No dudó en acudir a los libros y a su hechizo. Novelas, cuentos, poesías desfilaban ante mis ojos ávidos de maravillas.

    Mi infancia trepó hasta alturas prodigiosas y cuando tuvo que descender, erigió una montaña de sueños.

   Todavía hoy las fantasías de mi niñez encienden las noches de la memoria. 


                                                                                      María Graciela Kebani





jueves, 4 de septiembre de 2025

¿Cuánto nos duraría?

 






    Buscábamos el sol en un cielo neblinoso. Durante días y días, amanecía nublado. El pueblo todo estaba quieto, adormecido. Hasta el viento permanecía inmóvil, colgado de los árboles.

    También el tiempo parecía suspendido. Las horas no pasaban y una sensación de abulia nos embargaba. 

    Poco a poco, sin embargo, nos fuimos acostumbrado y llegó un momento en que dejamos de buscar el sol.

    Afortunadamente no llovía. Solo la niebla nos cercaba como una muralla. Nos cegaba y nos amordazaba. Parecíamos aletargados, anestesiados.

   Hasta que un día (siempre, en algún momento, sucede algo que irrumpe la monotonía), más precisamente una mañana, despertamos con el canto de los pájaros. La luz del sol precisaba los contornos de las casitas.

  Los árboles brillaban con otra luminosidad. La torre de la iglesia resplandecía.

  El pueblo era  otro. Irreconocible. Revivimos.

  Creo que nunca estuvimos tan cerca del paraíso. ¿Cuánto nos duraría? 


                                                                                                María Graciela Kebani


viernes, 25 de julio de 2025

La pregunta

 


                            


  Primero toqué el timbre, una, dos, tres, cuatro veces. Nada. Nadie respondía- Después golpeé como para que alguien me escuchara. Pero no. Nadie salió a abrir la puerta.

  De pronto, alguien me increpó:

 -¿Quién es usted? ¿Qué quiere?

-Soy solo un hombre que busca una respuesta.

-¿Cuál es su pregunta?

-¿Qué hago yo en esta tierra?

-No soy yo quien debe saciar su curiosidad.

-¿No podría responder a mi cuestionamiento? Alguien debería. No es tan difícil.

-¿Le parece?

-Alguien pergeñó este mundo.

-¿Por qué debería existir una razón, un sentido?

-Siempre hacemos algo con un fin, aunque no esté muy definido.

-No, no siempre. Al contrario, el absurdo es la regla.

- Usted cree que la razón...

-Engendra monstruos, a veces...

-¿Monstruos?

  -Sí, todo aquello que está fuera de la ley, de los dogmas, de la conciencia y que acaba rozando los bordes de un precipicio siempre abierto, dispuesto a devorarnos.

  Usted debe admitir que la debilidad de la razón no es capaz de soportar el edificio que el hombre ha erigido en su nombre o en el de Dios, cualquiera fuera su naturaleza. Le aconsejo que continúe su camino y siga golpeando. Alguna puerta por fin se le abrirá y  encontrará, quizás, alguna respuesta a su pregunta.

-Tal vez la duda sea el único camino. 


                                                                        María Graciela Kebani






martes, 22 de julio de 2025

Tan lejos y tan cerca








¿De qué materia estamos hechos?

Acaso de estrellas, de ilusiones, de silencios,

de lluvia, de arena, de nostalgia,

quizás de luz, de perfume, de música, de magia.

¿Solo sangre fluye en nuestras venas?

¿Solo tiempo cargan nuestros huesos?

¿Qué río, qué nube,

qué viento nos recorre, nos eleva?

¿Qué caminos trazan nuestras huellas?

¿Qué edificios construyen nuestros sueños?

¡Cuánto fuego, cuánta fe y desmesura

en la esperanza!

¿Qué cielos persiguen nuestras alas?

¿Qué puentes tienden nuestros ojos?

Cuántas injusticias nos sublevan.

Los mares, las playas, las montañas 

siempre nos congregan,

hasta los versos de un poema.

Sin embargo, Dios está tan lejos y tan cerca.



                                              María Graciela Kebani