jueves, 4 de septiembre de 2025

¿Cuánto nos duraría?

 






    Buscábamos el sol en un cielo neblinoso. Durante días y días, amanecía nublado. El pueblo todo estaba quieto, adormecido. Hasta el viento permanecía inmóvil, colgado de los árboles.

    También el tiempo parecía suspendido. Las horas no pasaban y una sensación de abulia nos embargaba. 

    Poco a poco, sin embargo, nos fuimos acostumbrado y llegó un momento en que dejamos de buscar el sol.

    Afortunadamente no llovía. Solo la niebla nos cercaba como una muralla. Nos cegaba y nos amordazaba. Parecíamos aletargados, anestesiados.

   Hasta que un día (siempre, en algún momento, sucede algo que irrumpe la monotonía), más precisamente una mañana, despertamos con el canto de los pájaros. La luz del sol precisaba los contornos de las casitas.

  Los árboles brillaban con otra luminosidad. La torre de la iglesia resplandecía.

  El pueblo era  otro. Irreconocible. Revivimos.

  Creo que nunca estuvimos tan cerca del paraíso. ¿Cuánto nos duraría? 


                                                                                                María Graciela Kebani


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