Se quedó mi infancia perdida en alguna estrella, o en alguna plaza, donde giraba sin cesar una calesita, o, quizás, en la sonrisa de un payaso, o mejor aún, en la magia de algún cuento o de un poema.
Se quedó mi infancia perdida en algún castillo de arena o, o en aquella muñeca capaz de hablar y de cantar como una niña.
Mi infancia se refugió en la música que despertaba mundos de resonancias increíbles.
No dudó en acudir a los libros y a su hechizo. Novelas, cuentos, poesías desfilaban ante mis ojos ávidos de maravillas.
Mi infancia trepó hasta alturas prodigiosas y cuando tuvo que descender, erigió una montaña de sueños.
Todavía hoy las fantasías de mi niñez encienden las noches de la memoria.
María Graciela Kebani

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