lunes, 5 de mayo de 2025

Las palabras







Las palabras se entrelazan, tejen historias y cantan. Cantan hasta canciones de cuna. 

Las palabras se agitan, se precipitan hacia abismos insondables. 

A veces crujen, como cruje la tierra presa de un sismo.

Las palabras se agigantan, se inflan como globos y explotan, fulguran, truenan y se 

expanden por todo el Universo.

Las palabras gritan, se arrodillan y rezan, se yerguen como las semillas que poquito a poco 

germinan en la tierra.

Son rosas que se abren y ocultan sus espinas.

Son estrellas que brillan con su propio brillo.

Y de una galera mágica hacen aparecer palomas que ascienden buscando el cielo. No 

existen jaulas que las encierren; no existen vallas que las detengan.

Las palabras nos atraviesan, nos liberan, nos elevan por los aires y nos recuerdan a cada 

instante nuestra condición de humanos. Y las palabras revolotean, aletean. Son mariposas 

que escapan de los labios y nos abren el corazón y la memoria.  


                                                                                 María Graciela Kebani

miércoles, 16 de abril de 2025

Hacia el ocaso

 





 Ahora empieza a llover y la lluvia cae con la cadencia de una letanía, sobre los tejados, sobre los campos de girasoles, sobre el verdor de los valles.

  Y la lluvia cae , sosegada, sobre la fuente, cae y fluye con el río.

  La lluvia cae, diáfana, para deshojarse en las flores y humedece hasta el perfume de la  mañana y hasta la brisa humedece.

   Y la lluvia ahora cuelga y se descuelga, esmerilada, de las ramas de los árboles.

   Y resbala, transparente, por los cristales de las ventanas. Y yo aquí, contemplando cómo se desliza la lluvia desde mis ojos hasta mis manos. 

   Y siento que voy resbalando, lentamente, hacia el olvido, hacia el silencio, hacia el ocaso. 


                                                                                   María Graciela Kebani




Otra vez

 



       Un pájaro atravesó las ventanas del cielo con un viento de campanas.

        El día abrió de par en par sus puertas y dejó flotar un perfume de jazmines y de rosas.

        El sol reveló su rostro más brillante y apuntó hacia las últimas sombras de la noche.

        Entonces, estalló un disparo como un grito e hirió el aire adormecido.

        Una explosión de alas y de luces rojas, enrojecidas, cubrió el cielo atormentado.

        Otra vez se abrieron las heridas que aún no habían cicatrizado. 


                                                          María Graciela Kebani






domingo, 23 de marzo de 2025

No había conductor

 


                                   



     Y con terror empezamos a notar que el micro aceleraba cada vez más y avanzaba por la ruta como un huracán sin freno. Por un momento creímos que no había conductor ni nada parecido. Solo una furia descontrolada que parecía dispuesta a estrellarse con lo primero que se interpusiera en su carrera. Casi al unísono gritamos, frenéticos, suplicando que se detuviera. Al contrario, más aceleraba. Hasta que finalmente, en medio de un griterío infernal, se detuvo.         
  Las voces se desaceleraron. Despavoridos advertimos que habíamos llegado a orillas de un precipicio.
     
      No, no había conductor ni nada parecido.             
                                                                   
                                                                   María Graciela Kebani

viernes, 28 de febrero de 2025

Una palabra

  






      No se escuchaba ni un murmullo, ni un suspiro, ni una queja. El silencio de Dios abarcaba todo el Universo. Un silencio atroz, irrespirable. Un silencio sin fin y sin principio. Más perturbador que la muerte, más infernal que el propio infierno.

       Un silencio que espera el sortilegio de una palabra. Una palabra que impulse nuevamente el mecanismo insondable del Universo.  

                                                                      María Graciela Kebani

jueves, 27 de febrero de 2025

Estábamos allí...

 ESTÁBAMOS ALLÍ...


Estábamos allí, 

con los pies clavados en la tierra, 

y con los ojos trepando

por las escaleras del cielo. 

Estábamos allí, 

apagando el fuego con las manos, 

buscando sin descanso

 las alas de los pájaros,

agitando los brazos al viento,

pidiendo a voces,

lluvia, abundante lluvia, 

para acallar la sequía, 

para ahogar la sed

que nos tortura

una y otra vez. 

Estábamos allí, 

exhaustos,

sin fe, sin rumbo, sin destino,

cargando el peso de la noche,

soportando el peso de la sangre,

derramada

a través de  años, 

a través de  siglos. 

Estábamos allí, 

esperando,

esperando que una voz, potente,

nos despierte

y nos grite: "¡Levántate y anda!" 

miércoles, 5 de febrero de 2025

Parque de diversiones

 

   En este país se vive en un parque de diversiones. Siempre estamos dando vueltas a la calesita, hamacándonos en los mismos errores. Ascendemos por el tobogán para descender inmediatamente en forma estrepitosa. Y como en el sube y baja, cuando un militar sube, un presidente baja.