miércoles, 7 de octubre de 2026

Romance de los dos ríos

 



Labrador era mi padre,


y yo he sido labrador;


pero mi madre tenía


de cristal el corazón.


 


El me dio músculos recios


para ser trabajador;


Y ella en mi alma, viento y agua,


su música deshojó.


 


El trabajaba la tierra,


¡con que cariño, señor!


Ella miraba las nubes


cual suelo mirarla yo.


 


Mi padre me hizo labriego,


mi madre me hizo cantor;


por él manejo el arado


por ella lloro de amor.


 


El me decía: “¡muchacho:


agua y tierra es lo mejor!”


Ella a mi oído rezaba


“Rapaz ¡qué cielo el de dios!”


 


Mi padre vino a estas tierras


a buscar lo que encontró:


fresnos, hogar y domingos


por seis días de sudor.


 


De esos dos ríos contrarios,


de estos ríos vengo yo;


De los ríos que canto


no sé cual será mejor.


 


A ella el cielo le gustaba


y el cielo se la llevó;


El se quedo mudo y sólo


con su tierra y su dolor.


 


Vivió en ásperas pobrezas,


y así pobre envejeció;


¡Un día se fue en silencio,


tan pobre como llegó!


 


Allá se encontró con ella,


La misma que aquí adoró.


¡Estará mi padre arando


en las tierras del señor!


¡Soñando estará mi madre,


sentada a su bastidor!


 


El me dejó fortaleza,


para aguantar mi dolor;


Sus ojos ella y sus lágrimas


para llorar a los dos.


 


Hoy ya solito en el mundo,


esta copla canto yo.


 


Mi padre me hizo labriego,


mi madre me hizo cantor;


Por el manejo el arado


por ella lloro de amor.


                                 Alfredo Bufano

 


 


 

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