lunes, 2 de noviembre de 2026

Puertas abiertas

 




     ¿Dónde estaban las llaves perdidas? ¿Cómo abriríamos las puertas que habíamos cerrado? Corríamos por pasillos interminables y estrechos buscando una salida a nuestro desasosiego. Huíamos. Sí, huíamos como animales acorralados por la duda y un presente desolador. Al fondo del corredor, una última puerta de roble macizo nos cortó el paso. Detrás se escuchaba el murmullo sordo de aquello de lo que escapábamos: el eco de nuestras propias voces del pasado. Nos miramos las manos, sudorosas y vacías. Entendimos por fin la ironía de nuestra fuga. No necesitábamos llaves. Las puertas nunca tuvieron cerraduras. 
 
                                                                                      María Graciela Kebani

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