Como una araña
Colgaba la luna de la telaraña del cielo. Como una araña tejía la trama de la noche.
-¡Vamos!, ¿Qué esperás? -le gritó mientras corría como una ráfaga furiosa hacia el auto.
Vio al hombre desplomado y la sangre que manaba, roja, de su cuerpo retorcido por el dolor. Entonces se dio cuenta de que, en otra ocasión, no dudaría tanto en disparar.
María Graciela Kebani
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