domingo, 12 de octubre de 2025

El hechizo

 





    Faltaba muy poco para que dieran las doce. Debía escapar antes de que se acabara el hechizo. Antes de que perdiera no solo un sino los dos zapatos recién estrenados y la carroza se convirtiera en calabaza.

      Bajé las escaleras como perseguida por el mismísimo diablo.

     Fue inútil. Antes de que legara al último escalón, sonaron las campanadas anunciando las doce y el fin del encantamiento.

     Otra vez me encontré fregando los pisos de la casa, lavando y tendiendo ropa, cocinando y realizando todos los quehaceres domésticos habidos y por haber. Ni Cenicienta estaba condenada a tantos y variados menesteres.

   Ahora, la única opción que me queda es esperar a otra hada madrina y un próximo hechizo.

                                                                                                 María Graciela Kebani

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